2. Los secretos de mamá (primera parte)

—Habrá sido el abuelo, o seguramente mamá, queriendo gastarnos una broma —dice Ixeya.

—¿Preguntamos a mamá? O mejor aún, vamos a llamar por teléfono a los abuelos, seguro que nos lo cogen y los pillamos —dice Acher, triunfal, al haber tenido una muy buena idea.

—Me parece una gran idea.

Ixeya coge su móvil y marca el número de sus abuelos, pero nadie coge el teléfono.

—Quizá estén de paseo… —dice Acher —. ¿Has llamado al móvil?

Ella vuelve a probar con el número de móvil, pero tampoco coge nadie el teléfono. Ixeya comienza a preocuparse.

—Creo que deberíamos contarle esto a mamá. Los abuelos siempre cogen el teléfono.

—Sí, vamos a ver si ella sabe algo —dice Acher.

Acher e Ixeya se reúnen con su madre en el salón, donde ésta lee un libro tranquilamente echada en el sofá.

Imagen madre leyendo en el sofá

—Mamá, ¿sabes algo de los abuelos? —pregunta Ixeya.

—¿Cómo que si se algo de los abuelos? Hablé con ellos la semana pasada, les dije que iríais —responde su madre, levantando la vista del libro y extrañada por la pregunta.

—Hemos encontrado una carta muy extraña —dice Ixeya.

—¿Una carta antigua o ahora al abuelo le ha dado por enviar correspondencia?

—No exactamente —dice su hija sin saber cómo seguir.

—Mira. —Acher entrega la carta a su madre para que la pueda leer—. Además, hemos llamado y no responden al teléfono.

Ella lee la carta en silencio, seria, sin realizar ninguna pregunta.

—Tantos años pensando que me estaba volviendo loca… y la magia existe —dice su madre.

—¿De qué hablas mamá? —pregunta Ixeya.

—Venid, os tengo que contar algo.

La madre comienza a contar una historia que jamás había contado a nadie.

—Cuando era pequeña, siempre me llamó la atención todo lo relacionado con la magia. Como sabéis yo vivía en el pueblo, y me gustaba salir junto con el perro a explorar nuevos mundos. Me encantaba meterme en el rio y subir a los árboles, a veces también nos acompañaba vuestra tía Patricia. Me gustaba ver las estrellas y disfrutaba soñando despierta. Nunca tuve muchos amigos, pero tampoco sentí que estuviese sola. Me gustaba leer y pintar, con eso me valía. Un día, de esos en los que me adentraba en el bosque, me encontré con un extraño ser alado, yo tendría aproximadamente unos 8 años. Estuve persiguiéndolo entre los árboles hasta que desapareció en la oscuridad. De repente no supe dónde me encontraba, pero nuestro perro, Chocolate, que siempre venía conmigo, me guio de nuevo hasta casa. Siempre he pensado que quizá fuese un sueño, que aquello no podía ser real. Luego comencé a comprarme libros que hablaban sobre hadas, brujas, hierbas, flores, leyendas y todo lo relacionado con el folklore y la magia de los Pirineos y del norte del país. Más adelante también me he sentido observada cada vez que he ido al bosque, pero siempre lo he atribuido a mi enorme imaginación.

Imagen de la madre de pequeña persiguiendo un hada por el bosque

Sus hijos escuchaban la historia de su madre con la boca abierta. Ella siguió contándoles.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *