2. Los secretos de mamá (segunda parte)

La madre siguió con su historia.

—Y hay muchas más cosas. Por un tiempo creí tener hechizado a vuestro padre, y ahora veo que quizá fuese así realmente. Pero la cosa más extraña me ocurrió hace un par de años, y es por lo que dejé el trabajo. Un día, mientras estaba en la oficina, una de mis compañeras comenzó a meterse con mi trabajo. Sabéis que yo soy muy pacífica, pero estaba realmente enfadada y no iba a tolerar tal cosa. La rabia comenzó a extenderse por mi cuerpo mientras escuchaba cómo ella me acusaba de no hacer bien mi trabajo. Mi cabeza trabajaba a mil por hora para buscar qué contestarle, de la mejor forma posible. Vi que mis manos comenzaban a temblar, y cómo de los dedos brotaban unos pequeños rayos de luz azulados. Cerré los puños para intentar deshacerme de ese cosquilleo, pero no funcionó. Cuando abrí las manos de nuevo, esas pequeñas ramificaciones seguían ahí. Bastante nerviosa y con la voz entrecortada por la rabia y lo asustada que estaba, le dije al jefe que todo lo que ella decía no era cierto, me levanté y salí de la habitación lo más tranquilamente que me permitieron mis piernas. Me encerré en el baño, asustada y muy nerviosa, pero cuando comencé a tranquilizarme todo volvió a la normalidad, ya no sentía ese cosquilleo entre mis dedos ni había nada azul entre ellos…

Imagen en la oficina

—…Ese mismo día busqué información por internet y leí todo lo que pude encontrar: telekinesis, cuentos de hadas y cosas por el estilo. He notado que cuando me enfado o frustro enormemente, me vuelve a ocurrir, pero estoy intentando ver cómo controlarlo. Decidí dejar el trabajo, ya que comencé a tener demasiados de esos días de rabia y frustración, y pensaba que alguien descubriría mi secreto. Me alegro, ahora mi trabajo me encanta.

Su madre sonríe, parece tranquila, a pesar de todo lo que estaba pasando. Le encanta poder tener más tiempo para su familia y no estar ya encerrada en una oficina. Ahora ella es su propia jefa y una mujer de gran éxito.

—Pero ¿por qué no nos has contado esto antes mamá? —pregunta Ixeya, asombradísima.

—Y que pensaseis que estaba loca… Esperaba poder controlarlo para mostrároslo y que vieseis que era verdad. Ahora ya casi lo controlo, no hace falta que me enfade para hacer aparecer esas pequeñas ramificaciones de energía. Por lo que acabo de leer en esta carta, puede que los abuelos, o algunos de esos “amigos”, sepan qué me ocurre, cómo controlar esto y para qué sirve realmente. Os voy a mostrar algo.

Su madre parece concentrarse y de sus dedos comienzan a brotar rayos color azul que recorren la superficie de las palmas de la mano y vuelven a desaparecer. Parece energía, electricidad, como pequeñas ramificaciones.

Madre mostrando orgullosa su magia

—¡¿Cómo haces eso?! — Se sorprenden los dos niños a la vez. A Acher, que tiene los ojos muy abiertos, se le escapa una risita nerviosa.

—¿Me creéis ahora?

—Sí mamá, pero todo esto parece irreal. Entonces, ¿no crees que esto sea una broma del abuelo? ¿Todo lo que dice en la carta de que ahora están en el futuro… crees que es verdad? —dice Ixeya nerviosa —. No sé cómo lo vamos a hacer. El abuelo dijo en la carta que no nos preocupásemos, que Sombra está con nosotros y nos guiará, pero realmente no sé cómo lo va a hacer, no es más que un perro bueno y tontorrón.

—¡Guau, guau! —De repente Sombra ladra y los tres se quedan en silencio, mirándole.

—Quizá él también tenga sus secretos… —Su madre sonríe y acaricia al perro.

—¡Guau! —Sombra vuelve a ladrar, parece feliz.

—Volviendo a lo anterior, lamentablemente creo que todo esto es verdad. Creo en todo lo que el abuelo escribe en esta carta, hay que hacer todo lo posible para traerlos de vuelta. Parece mentira, pero es como si estuviese esperando una aventura así durante toda mi vida. Estoy extrañamente tranquila, sé que esto es lo que tenéis que hacer, y sé que todo irá bien. Faltan un par de semanas para que finalicéis el curso, y quiero que aprobéis con buena nota vuestros exámenes. Después, os pondréis en marcha. No pone nada sobre mí en la carta, así que imagino que yo no puedo acompañaros. En estas dos semanas, pensaré en todo esto e iré preparando todo. No quiero que le habléis a nadie sobre lo que acaba de pasar aquí, ni sobre la carta, ni los abuelos, esto es un secreto que tiene que quedar entre nosotros.

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