5. Sorpresas inesperadas

Aika comienza a contar una historia totalmente desconocida para todos ellos, dirigiéndose a la madre.

—Te equivocas, estoy totalmente informado. Aproximadamente un año después de que el abuelo regalase el colgante a la abuela, naciste tú. Eres es un ser mágico, que nació de la magia del amor que había entre ellos, magnificado al tener el talismán. Éste potenció todo su amor y creó a su vez un nuevo ser mágico, mitad humana y mitad Divinidad del Bosque. Tienes todos los poderes que pueden tener las hadas, elfos y demás seres mágicos del bosque, ya que el colgante está vinculado a la naturaleza, los bosques y la montaña. Tu nacimiento fue un evento muy importante y a su vez peligroso para los seres del bosque, así que tuvieron que ocultar la magia que envolvía tu momento para que ningún ser malvado pudiese sentirla y os pudiese relacionar con el colgante de Aneto.

Imagen madre nacida de la magia con los seres mágicos alrededor de la casa protegiéndola

La madre estaba blanca, no sabía qué decir, así que el robot siguió.

—No es la primera vez que ocurre algo así, en la historia, hay muchas divinidades mestizas, pero tú eres la primera nacida sin que ninguno de tus progenitores sea realmente un ser mágico y, sin embargo, posees todos los poderes del bosque. Es algo que nadie imaginaba y a su vez entraña un grave peligro. Desde que comenzaste a ganar poder, el mundo mágico está cada vez más revolucionado. Algunos seres mágicos aliados, no están muy contentos con todo esto, ya que te ven como una gran amenaza y creen que un humano no debería de tener tanto poder.

—Pero… si yo no tengo ningún poder, bueno… al menos útil, ni lo quiero.

—Sabemos que no has sabido usarlo o desarrollarlo, pero tú poder está ahí. Algunos creemos que no eres una humana cualquiera, creemos de tu corazón y bondad son inigualables, por eso siempre te hemos protegido. En su momento se creó un pacto, largos párrafos que te protegen, y la idea de enseñarte a utilizar tu poder cuando llegase el momento, así podríamos evitar que éste se desate en cualquier momento de ira, pánico o estrés. Por eso estoy yo aquí. Mientras aprendes a usar tu poder, Acher e Ixeya irán en búsqueda de las primeras gemas, las más sencillas. Sombra les guiará.

—¿Cómo va a saber hacer eso Sombra?

—Ahora viene una pequeña parte de su historia. Hace un par de años nos enteramos de que estabas desarrollando tus poderes. Te íbamos a asignar a un nuevo guardián, pero apareció él, al que vosotros llamáis Sombra. Es un gran guerrero, ya con cientos de años a sus espaldas. Se ha reencarnado en varias ocasiones ya para salvar a los humanos, en algunos sitios lo llaman Visnú o Dios Protector del Mundo. Ha librado grandes batallas y es conocedor y poseedor de parte de la magia de este mundo y de otros muchos. Todos los seres mágicos lo veneramos y debemos nuestra lealtad. Es un ser con gran corazón. Cuando lo encontrasteis en el refugio, no fue una casualidad, él os estaba esperando.

—No puedo creer que nos esté pasando todo esto. Nuestras vidas parecían de lo más normal. —dice la madre.

—¿Y yo tengo poderes? —le pregunta Acher al pequeño robot.

Su madre mira con ojos desorbitados al robot. Lo que le faltaba, un niño y una adolescente con magia.

—No sabemos todavía si Ixeya y el pequeño Acher tienen algún tipo de poder. Se podría esperar que desarrollen algún tipo de magia, dado tu naturaleza fantástica —le dice directamente a la madre —, pero es muy pronto para saber algo así. Vuestra madre desarrolló su poder siendo adulta, pero tal y como han cambiado vuestras vidas en los últimos días, todo puede pasar.

Acher sonríe y queda maravillado con lo que Aika acaba de contarles.

—Lo que me faltaba, una cosa más para preocuparme —dice la madre con toda su sinceridad, soltando lo que pensaba hace un segundo.

—Tranquila. No quiero que os preocupéis ahora por eso. Creo que hay que comenzar con la búsqueda de las gemas lo antes posible. Al encontrar la tabla, todo ha comenzado —dice éste con presteza, intentando quitar hierro al asunto.

—Está bien, comencemos con esto de una vez, ¿qué tenemos que hacer? —dice Ixeya.